Transcurridos los primeros 50 días del año, el balance para las farmacias de Corrientes muestra un escenario de ventas retraídas en el mostrador, estabilidad en los consumos vinculados a tratamientos crónicos y una creciente preocupación por las demoras en la cadena de pagos de las principales obras sociales que sostienen la actividad.
Así lo analizó Carlos Arballo, titular de la Cámara Correntina de Farmacias (CACOFAR), en diálogo con diario época. El referente gremial-empresarial describió un panorama atravesado por el amesetamiento general del consumo y la fuerte dependencia del sector respecto de las prestaciones bajo cobertura.
Arballo explicó que la actividad debe dividirse en dos grandes segmentos: por un lado, los medicamentos dispensados a través de obras sociales y, por otro, las ventas particulares, es decir aquellas que el cliente paga de su bolsillo, que son las de menor volumen.
En el primer grupo (principalmente tratamientos crónicos, en los que la persona toma regularmente las mismas medicinas) el nivel de ventas se mantiene estable. “Los afiliados no dejan de tomar el medicamento”, sostuvo al señalar que se trata de consumos necesarios que no pueden postergarse.
Sin embargo, el panorama cambia cuando se analiza la venta sin cobertura. Allí, el impacto del contexto económico es claro. “En eso hay una disminución de las ventas que en su momento llegaron a ser de un 20% y no creo que se recupere en el corto plazo”, advirtió.
El titular de CACOFAR remarcó que el efectivo en caja (más allá de los distintos medios de pago actuales) “es poco en realidad”, una situación que repercute directamente en la operatoria diaria de las farmacias. “La venta particular es cada vez menor. Eso sí se siente”, afirmó.
En un escenario de consumo general amesetado, el vecino que acude a la farmacia sin obra social es hoy minoría. La mayoría de las operaciones se realizan bajo algún tipo de cobertura.
Según detalló Arballo, alrededor del 70% de las ventas en las farmacias correntinas se realizan a través de obras sociales y prepagas. Dentro de ese universo, dos actores concentran el grueso de la actividad: PAMI y el IOSCOR.
“PAMI representa aproximadamente un 40% de la venta y el IOSCOR tiene una incidencia también muy alta. Entre los dos rondan el 70% del total”, explicó.
Esta estructura deja en evidencia que el funcionamiento del sector está atado en gran medida al desempeño y la regularidad de pago de esas entidades. Si bien otras obras sociales habían registrado atrasos en el pasado, Arballo indicó que muchas de ellas lograron normalizar su situación.
No obstante, el peso específico de PAMI e IOSCOR convierte cualquier demora en un factor de alto impacto financiero para las farmacias.
Entonces, más allá de la estabilidad en la demanda de medicamentos bajo cobertura, la preocupación actual pasa por los plazos de pago. Históricamente, el sector trabajó con una previsibilidad cercana a los 45 días entre la facturación y el cobro.
“Antes uno más o menos podía decir: en tal semana cobramos tal facturación. Había previsibilidad”, recordó Arballo.
Actualmente, en cambio, los plazos tienden a dilatarse. “En algunos casos se exceden esos 45 días”, señaló, y reconoció que el sector se encuentra “todos los meses detrás de lograr el pago de algo”.
La falta de certeza en los tiempos de cobro complica la cadena financiera de las farmacias, que deben afrontar pagos a droguerías, salarios y otros costos operativos en un contexto donde la venta particular (la que genera liquidez inmediata) se encuentra retraída.
“No es que uno dice: tengo previsibilidad en los pagos, que es lo que en general uno busca”, sintetizó el referente sectorial. Esto deja entrever que en un contexto económico de consumo planchado, las farmacias correntinas dependen cada vez más de la regularidad de las obras sociales para mantener su funcionamiento.



